A hacer músculo… en el cerebro

Que el deporte es sano no es ningún descubrimiento: todas las madres lo damos por hecho, todas queremos que nuestros hijos lo practiquen de alguna manera u otra. Así pasamos la semana yendo de un partido de básquet a un torneo de tenis, de una función de ballet a una clase de karate, en un ejercicio de planificación y logística que a veces parece más bien una gimkana organizada por Maquiavelo. Pues bien, aunque parezca que digo una obviedad, merece la pena. Y no sólo por eso de los efectos positivos del deporte en la salud, que ya conocemos todas, ni por reducir las enfermedades cardiovasculares, ni evitar la diabetes ni la obesidad. Todo eso ya lo sabíamos de antemano. Lo que es nuevo es que la práctica del deporte mejora el rendimiento escolar de los niños (aunque, pensándolo bien, puede que no resulte tan nuevo: ¿acaso no decían los romanos aquello de “Mens sana in corpore sano”?)

El caso es que el deporte ayuda a los niños a concentrarse. A veces, no queremos apuntar a nuestros hijos a alguna actividad extraescolar para que no se agoten y tengan tiempo para hacer sus deberes. Sin embargo, el efecto es el contrario: los niños que hacen deporte, rinden más. Así lo ha demostrado un estudio realizado de la Universidad de Vrije (Holanda). Las razones son varias: con el ejercicio, el cerebro recibe más oxígeno. Además, al aumentar las endorfinas (esas hormonas famosas), reducen su estrés y les mejora el humor. Por si fuera poco, la regularidad que exige un deporte también mejora el comportamiento de los niños en el aula. Vamos, que los romanos no estaban tan desencaminados, ¿no crees?

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Sobresaliente en desayuno


¿Recuerdas la sensación de ser niño? Esa curiosidad por todo, “¿por qué, mamá?”, no parar, correr de un lado para otro, de examen de mates a clase de inglés, de entreno de fútbol a jugar con los amigos… Tus hijos todavía no saben si serán médicos o informáticos, publicistas o escritores. Todo está por decidir, todo está por ver. Es una etapa de la vida de una gran intensidad que necesita un aporte calórico importante pero que no sea excesivo, pues es ahora cuando se establecen muchos de los hábitos de los niños que predominarán en el futuro. Por eso, a partir de los 6 años, es el momento más oportuno para inculcar a tus hijos hábitos de nutrición como, por ejemplo, no saltarse el desayuno, comer una variedad de frutas y verduras, tener unos horarios de comidas establecidos, comer sano o limitar el consumo de los alimentos poco nutritivos.

Las prisas suelen ser la causa principal por la que nos saltamos el desayuno. Pues bien, un niño en edad escolar que va al cole sin desayunar correctamente tiene dificultades de concentración y memoria. Un estudio publicado en el diario El Mundo corroboró que los niños  que desayunaban correctamente tenían mejores resultados en matemáticas y no presentaban signos de ansiedad, hiperactividad ni depresión. Además, los que comenzaron a tomar un desayuno equilibrado a raíz del ensayo, es decir, incluyendo leche, cereales y fruta o zumos, mejoraron su rendimiento académico, su atención en clase y su puntualidad. Merece la pena, pues, acostarse un poco antes la noche anterior y levantarse temprano para poder tomar un desayuno nutritivo que dé a tus hijos toda la energía que necesitan tras el largo ayuno nocturno. ¡Ya sabes, un buen desayuno es un 10 en alimentación!

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