Que el deporte es sano no es ningún descubrimiento: todas las madres lo damos por hecho, todas queremos que nuestros hijos lo practiquen de alguna manera u otra. Así pasamos la semana yendo de un partido de básquet a un torneo de tenis, de una función de ballet a una clase de karate, en un ejercicio de planificación y logística que a veces parece más bien una gimkana organizada por Maquiavelo. Pues bien, aunque parezca que digo una obviedad, merece la pena. Y no sólo por eso de los efectos positivos del deporte en la salud, que ya conocemos todas, ni por reducir las enfermedades cardiovasculares, ni evitar la diabetes ni la obesidad. Todo eso ya lo sabíamos de antemano. Lo que es nuevo es que la práctica del deporte mejora el rendimiento escolar de los niños (aunque, pensándolo bien, puede que no resulte tan nuevo: ¿acaso no decían los romanos aquello de “Mens sana in corpore sano”?)
El caso es que el deporte ayuda a los niños a concentrarse. A veces, no queremos apuntar a nuestros hijos a alguna actividad extraescolar para que no se agoten y tengan tiempo para hacer sus deberes. Sin embargo, el efecto es el contrario: los niños que hacen deporte, rinden más. Así lo ha demostrado un estudio realizado de la Universidad de Vrije (Holanda). Las razones son varias: con el ejercicio, el cerebro recibe más oxígeno. Además, al aumentar las endorfinas (esas hormonas famosas), reducen su estrés y les mejora el humor. Por si fuera poco, la regularidad que exige un deporte también mejora el comportamiento de los niños en el aula. Vamos, que los romanos no estaban tan desencaminados, ¿no crees?

